Tuesday, September 30, 2014

No Le Abras La Puerta A Las Palabras De Los Muertos

No Le Abras La Puerta A Las Palabras De Los Muertos

Una historia corta por: Gustavo Calvo
El cuarto estaba completamente cerrado; las paredes estaban cubiertas con fotografías de sus hijos y habían varios juguetes tirados en el piso. Ella no tenía nombre, pero era la matriarca de una familia que hace mucho tiempo había dejado de existir, al menos en su cabeza todo pretendía estar perfecto.
- Papá, ¿me recuerdas.? Ha pasado mucho tiempo, pero te rescatamos, esa vida tan horrible que tenías por esa decisión que tomaste.
Samuel Caballero estaba atado en una silla que estaba empotrada, al piso; con sus dos metro de altura y 200 kilos, estaba perfectamente atado, no podía moverse. Trato de reanimarse pero no podía, sentía que lo habían drogado. Trato de gritar pero se dio cuenta que estaba amordazado. Se pudo haber donde estaba, y se dio cuenta, que estaba en un edificio que había sido dejado a medio construir, y no estaba lejos de su casa.
Estaba en el barrio de Manga, en la Carrera 72 con Calle 20. Trato de empezar a gritar, pero a penas trato de abrir la boca recibió una cachetada, cuando reacciono que no estaba solo y que la única que estaba con él en la habitación era una mujer de escasos metro y sesenta centímetros. Su piel era tan blanca como el marfil de los elefantes negros Norafricanos, su pelo estaba teñido de rubio, sus ojos eran grandes y café que los hacían parecer casi una caricatura.
Pero, lo que le llamó la atención, fue esa sonrisa tan grande y solo unos pocos dientes que aun estaban en la boca. La mujer volvió a repetir las mismas palabras - Papá, ¿me recuerdas.? Soy tu mamá, te rescatamos, teníamos miedo en perderte, hicimos esto por tu bien.
Samuel, entró en pánico, y trató de zafarse una vez mas pero la mujer le pegó un puño y casi lo noquea. Pero quedó con algo de conocimiento como para empezar a tomar notas mentales sobre donde estaba.
La mujer tenía un vestido de esos que los niños usaban en los años sesenta, uno de los babydoll, era una imagen tan extraña, porque tenía cara que estaba en sus sesenta pero al tiempo aparentaba estar desquiciada.
Al final del cuarto había una mesita de noche, de ahí la señora sacó unas tenazas para cortar cables. Samuel empezó a sudar de miedo.
- Papá, vamos a jugar un juego, te encantaba de chiquito. ¿ Te preguntas cual es.?.
Ella le quitó los zapatos, y Samuel empezó a sudar, y tratar de dar gritos, pero no lo  salían.
- Este cochinito, fue al mercado. Cuando terminó la rima le mochó el meñique en menos de un segundo, mientras sonría y cantaba la rima. Samuel empezó a dar gritos de dolor. Y ella solo le dijo que si se sentía mal podía ir a la cocina y tomarse un Dolex.
Él estaba desconcertado, porque no entendía ¿porque lo habían secuestrado y como había llegado ahí.?
Empezó a pensar en sus padres por un segundo, pero al final lo único que le preocupaba era su propia seguridad.
La señora empezó a escribir en las paredes, "Te extrañamos, mas nadie te nos va a quitar." Una y otra vez, hasta que se acabo el espacio. Luego se le acerco, y le murmuro al oído. - Nadie puede escapar de las memorias, son como las palabras de los muertos que quedan escritas en la piel. Por más que trates de huir siempre te perseguirán, y esos serán tus demonios. ¿Me entiendes verdad.?
- Y, como las memorias, ahí siempre estaré para atormentarte, porque nadie, absolutamente nadie, puede escapar de los recuerdos.

Sacó una Glock 19 y le disparo en la sien, Samuel realmente no supo que o quien fue que lo mató, mas allá de las memorias que no pudo escapar, porque no importa a donde correas, no importa si está escrito o tallado en una mirada, la muerte siempre estará, como el amor eterno de una madre.

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