Monday, May 12, 2014

El Doctor Andariego que Perreaba por Blas El Teso

La Playa de Los Pobres - El Doctor Andariego que Perreaba por Blas El Teso
Por: Gustavo Calvo

Las arenas de la Playa de las Américas estaban azotando a todo él que se sé pasease por ellas. El local de Blas El Teso, estaba repleto de los cachacos que no se esperaban ese cambio en el clima, y uno que otro coterráneo que fueron invadidos por la flojera de una mañana Dominguera, después de haber ido a la iglesia y de tener flojera de ponerse a cocinar en la casa.
Las olas estaban furiosas, algunos pensaban que más tarde llovería pero los pronósticos basados en suposiciones estaban lejos de la realidad; ya que esa brisa era solo un residuo de una tormenta que estaba más arriba en el norte del Caribe.
Ahí, entre el colorín de las diferentes paredes y del mar agitado en el fondo, un prestigioso pediatra al que todos conocían como Junior estaba sentado en la última mesa, que lo único que lo protegía de la arena era un toldo que estaba al nivel del suelo.
Su apariencia era la del típico Turco Colombiano; los ojos almendrados, verdes, bastante moreno, y un pelo negro más fuerte que la noche; la única diferencia que lo hacía sobresalir de manera física entre la multitud, era su imponente musculatura y altura, que media dos metros con diez.
Ahí sentado con su ron Tres Esquinas, y una cazuela de mariscos, Junior estaba como siempre esperando a una mujer que le llegara hacer compañía. En las noches si tenía la fuerza en quedarse, se quedaba bailando y tomando hasta el amanecer siguiente.
En su cara se notaba un cansancio, su trabajo y su vida lo aburrían, su matrimonio a la larga era una farsa, pero se enamoro de Marleidis su secretaria y ese era el peor error que alguien podía cometer si vivía en Bocagrande.
La crema de la crema, tenía prohibido enamorarse de la gente que vivía mas allá del Corral Amurallado, por el Bosque era terreno prohibido. Los amores entre las diferentes castas de la ciudad eran el tabú más grande, ya que se trataba de conservar la pureza de las familias, y los que eran descubiertos se tenían que atener a las consecuencias.
Marleidis llegó alrededor de las cuatro de la tarde, con su apariencia delicada y su diminuto cuerpo, parecía menor de los cuarenta y dos años que tenía en el mundo. Ella llegaba con diferentes noticias, pero tampoco se iba a esperar lo que iba recibir.
Entre el perreo que había durado por casi diez años, y las diferentes indiscreciones que entre los dos habían cometido, quería decirle a Junior que estaba embarazada, tenía dos meses y que necesitaba ir a donde un gineco obstetra para futuros exámenes, ya que su seguro no cubría todas las visitas.
No se sorprendió cuando Junior le dijo que todo le valía mierda, y que no se iba hacer cargo de ninguno de los exámenes. Le respondió con una sonrisa y le mencionó que iba a dejarle su renuncia al día siguiente después de diez años de amorío y quince de relación profesional.
Él no quería ser papá de un bastardo, pero un solo bastardo no era el problema, el problema era la posible cantidad de hijos ilegítimos que había dejado regado por el departamento de Bolívar y uno que otro por el Atlántico. La vida se le había tornado agridulce, todo por lo que trabajo parecía ser un fracaso, y detestaba la idea de estar en un matrimonio sin amor.

El amor era un concepto tan extraño, mas como un contrato de negocios donde dos ó más familias unían sus bienes y sus raíces para crear un conglomerado.
"Amar en Cartagena estaba prohibido," ese era su máximo precepto en la vida; un punto tan inusual y tan utilitarista, donde la gente eran más que meros objetos.

¿Para que ponerse a filosofar cuando un trago de ron podría resolver todas las diferencias de esa hipérbole?, un trago podía resolver el mal de amor, hasta que la siguiente mujer apareciera y se vendiera por un titulo de universidad y un carro último modelo, donde terminarían teniendo un sexo salvaje cerca el estacionamiento del hotel Las Americas. 

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