Wednesday, May 21, 2014

La Playa de Los Pobres - El Ultimo Adiós

La Playa de Los Pobres - El Ultimo Adiós
Por: Gustavo Calvo
El mar era tan hermoso, las olas se sentían como una manta que cubría al cuerpo por unos segundos. La arena era tan hermosa, tan suave como se la había imaginado.
La playa era un último recuerdo mientras veía las vías del tren, desvanecerse en el horizonte. Las fincas, las palmeras y las mariposas amarillas que rodeaban el área.
No sabía cómo había llegado ahí. Lo último que recordaba era estar en el bus y después nada. El olor a las palmas era fuerte, como si las hubieran quemado. Sentía una tristeza porque no sabía cómo se había alejado del grupo. Opto por caminar para atrás. Pasó unas casas, que bordeaban una propiedad privada, la cerca que dividía el camino parecía estar electrificada.
Recordó que su mamá le había dado su celular para que llamara en caso de emergencia, pero no lo pudo encontrar en su bolsillo. Sintió miedo por un segundo, y se acercó a una de las casas donde le dijeron que no tenían teléfono, y el más cercano estaba a unos cuantos kilómetros dentro del pueblo.
El señor que le mencionó donde estaba el teléfono, no lo acompañó pero le explicó que era seguro el lugar y que no tenía que tener miedo.
Mientras que seguía caminando, se dio cuenta que el pueblo era bastante pequeño. El típico pueblo de las montañas caribeñas al norte de Colombia, donde todos se conocían con todos. Cuando llego un poquito más arriba de donde estaban las vías del tren, leyó en un letrero que estaba en la segunda avenida.
Se veía algo más de civilización que en donde estaba unos minutos más atrás. El cementerio del pueblo estaba a su mano derecha, le llamó la atención lo pequeño que era, ya que nunca había visto un cementerio tan diminuto, pero cayó en cuenta en el pueblo que él y sus compañeros de clase habían ido no era tan poblado cómo se lo hubiera imaginado.
San Miguel Arcángel, era el nombre del cementerio. Sintió cierta curiosidad por explorarlo; pero, optó por seguir caminando un poco más para encontrarse con sus compañeros.
Tenía algo de hambre, ya que la última vez que comió algo fue en el pequeño restaurante que la excursión fue, y unos Boliquesos que uno de los adultos se lo regaló.
En un punto, se dio cuenta que eran las tres de la tarde, se sentía cansado. Se sentó bajo un palo de mango para descansar unos minutos y luego continuar caminando.
Cuando pensó que se había perdido, encontró una tienda de barrio; no era muy grande, azulada y había varios hombres tomando cerveza en la entrada. El calor que se sentía era terrible, recordó que tenía algo de dinero y paró para comprar una Postobon de uva. Pero el empleado de la tienda no se dio cuenta que estaba ahí, era como si no existiera. Salió algo amargado y sediento; las calles improvisadas y sin pavimentar eran un trastornó para él, ya que estaba usando unas sandalias que su abuela le había regalado para Navidad, y al final le parecieron una mala idea.
Tenía que ver como llegaba al centro del pueblo, porque no sabía cómo. Era algo raro para él, porque en su corta vida no había podido entender como se había dormido y despertado en otro punto. No era como cuando despertaba en la cama de sus papás.
Mientras caminaba, pensaba en lo mucho que quería ir al mar, que quería ir a Cartagena para Navidad con sus papás y jugar en la arena. Comenzó a cantar unas canciones de la iglesia, hasta que se aburrió. Cuando, no pudo mas, se decidió por recostarse, bajo una palmera, y volvió a cerrar los ojos.
Cuando volvió a despertar, se encontró afuera del bus. Estaba confundido, había un montón de gente a su alrededor, no solo de él, pero alrededor de sus compañeros. Era un caos todo, la policía, los bomberos, había llantos.
Y, luego hubo silencio, las personas no hacían más ruido pero se seguían moviendo. el calor que se sentía era terrible, luego todo terminó. No había más dolor, el dolor se había desaparecido.

En algún lugar del alma, las olas se siguen moviendo, y los granos de arena viajan con el viento… Las memorias a los 32 minutos, siguen volviendo, una y otra vez cuando las manecillas del reloj vuelven a la misma hora.

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