Friday, May 2, 2014

El Abanicazo de la Rata

La Playa de Los Pobres - El Abanicazo de la Rata
Mario era un hombre de sesenta y dos años, había vivido toda su vida en La Heroica, a excepción de un año en donde se fue a estudiar medicina en Alabama.
No era un hombre muy alto, bastante pequeño y peludo, hasta el punto en que si se dejaba crecer la barba parecía un duende. Ahí estaba en la playa Del Malecón con su nieta Susana, que a los siete años demostraba una inteligencia un poco más avanzada a las niñas de su edad ya que le encantaba escribir los relatos de su abuelo.
La playa estaba vacía, aunque era Miércoles de Cenizas y mucha gente para el medio día estaban en las diferentes parroquias rezándole a la Virgen y a los Santos.
El sol estaba dando fuerte, pero estaba bacano el día para no hacer nada. Así de repente a Mario se le ocurrió echarle una historia a su nieta sobre un ratón curí que quería ser alcalde de la comunidad, pero al final terminó siendo una rata mas.
Hace veinte años, había una comunidad de animales que se plantaron en la falda sur de una ciénaga, que según cuenta la leyenda una Virgen con una candela, se les apareció. Les dijo que formaran una comunidad y que fueran libres, libres como nunca fueron los humanos.
Al pasar de los años la comunidad floreció, y se transformo en una ciudad. Los animales, tuvieron hijos, y los hijos tuvieron nietos; y, así como tú y yo, familias empezaron á aparecer.
Y la democracia vino. Un ratón llamado Curí quiso ser alcalde, pero una dragona de Cómodo llamada María también quiso ser alcaldesa de la ciudad.
El ratón trató de buscar alternativas para convencer a los otros animales, al final se dio cuenta, que el arte no era convencer sino comprarlos, buscar lo que necesitaban, cogerles sus nombres y darles los que querían.
La democracia, mi niña, es algo frágil; casi como los pétalos de un girasol, pero tan frágil y tan invisible como el viento, ese mismo viento que viene del Caribe norte.
El calor era tan común para ellos, como lo es para nosotros, pero imagínate mija; ¿Cómo aguantar el calor cuando estas cubierto de pelos.?

- Abuelo, ¿a qué te refieres.?
A los abanicos mija, si buscas la necesidad y la compras, la gente te hará caso, así como el ratón Curí. Cuando el tiempo de votaciones se acercaba, el raton ya se había dedicado a ver donde estaban los sectores más vulnerables, ahí les regalo abanicos, promesas y la ida en buses a los centros de votaciones.
El ratón como buen político, prometió más de lo que pudo, y al final no hizo nada, pero ganó las elecciones a punta de abanicos.
Los otros animales estaban impresionados, pero sabían que el ratón se había vuelto una rata y quería ganar a toda costa.
Al final, la avaricia no paga, pero la confianza queda destruida, porque como confiar en alguien que promete, cuando en realidad lo que busca es interés y nada más.

Mario se paró de su silla reclinadora cuando oyó a un carrito de raspaos pasando al nivel de ellos. La pequeña Susana, con su traje de baño rosa y su pequeña figura, que parecía una muñeca de marfil chino; salió corriendo antes que su abuelo pudiese pararse; porque para mitigar el calor del día, nada mejor que un raspao de algodón de azucar. 

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