Sunday, April 6, 2014

La Playa de Los Pobres - El Arenero

La Playa de Los Pobres - El Arenero
Por: Gustavo Calvo
Con su humilde sombrero de bambú, una espátula usada y un balde blanco que alguna vez albergo químicos en el Hospital Bocagrande; él se sentaba en las playas cerca de el malecón para dejar su imaginación volar.
Las dulces arenas blancas que estaban cerca a la torre de marfil, con el mirador por encima del océano, eran su fortaleza que se movía entre los confines del Caribe sur.
A veces soñaba con los karokoli y los galeones de Heredía; los cuales retrataba lentamente antes que la arena se los llevara.
Los sueños del arenero, no cambiarían con los años, él creía que la gente cambiaba más que la maleabilidad de la arena. Un día, varios años después de llegar al corral de piedras; Melisa una joven de 19 años, algo esbelta y teñida de un pelo rubio que parecía más una alfombra sucia; que aunque nadie lo creería era estudiante de periodismo, se le acercó; tenía curiosidad con el arte que él hacía.
Quería saber si ponía un poco de su alma en las esculturas; él solo le dijo que retrataba lo que las aguas mansas le decían, las historias que el corral contaba y nadie oía. Ella estaba encantada por la respuesta del arenero pero había un punto que le llamaba la atención ¿Por qué nadie solía notarlo? pero si a sus esculturas, sentía curiosidad porque la escultura que había hecho no era de Cartagena, pero de la India, cerca las playas de Malvancho Dhakko,
Él solo le respondió con una sonrisa y le dijo - El mundo es solo uno, y uno solo; todos estamos conectados por la luz que nos rodea, lo que pasa aquí afectara a alguien en otra parte, porque no solo la luz llega en todas las direcciones pero también estamos conectados por la tierra .-
El cuerpo de él se tornaba más viejo, poco a poco; su traje largo y blanco se tornaba desteñido, sentía que su vida se estaba acabando y las esculturas que había dejado en la arena, empezaban a desaparecer. Su sombrero de bambú empezaba a desprenderse, y su cabeza quedó al descubierto. No tenía pelo, y arena parecía provenir de sus poros.
- Nadie parece ver que me voy otra vez, la gente ve solo la belleza pasajera y no ve el mensaje del artista. La naturaleza es el lienzo manejando por un hilo invisible y nosotros solo somos los mensajeros. - Decía él mientras se desvanecía poco a poco.
Al final no quedó nada, solo un par de fotos de las esculturas que tomo Melisa y una foto de él. Le trató de mostrar las fotos a las personas pero nadie pareció recordar las esculturas que habían desaparecido un momento atrás o al artista, nadie podía ver lo que ella veía, veían la foto sin nada más.

Luego entendió que él le dejó un regalo que nadie más podría ver, un regaló que cuando pasara por la playa de el malecón, en ver la belleza de las aguas y las arenas que nadie mas ve. 

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