Friday, March 21, 2014

La Bandida del Desierto (cuento corto)

La Bandida del Desierto
Por: Gustavo Calvo

Las lunas sobre Kerona habían quedado en un estado irregular luego de que el monte de los dioses hiciera erupción. La mayoría de la vida en el planeta había quedado extinta y los habitantes quedaron en el olvido. Solo unos pocos sobrevivieron al cataclismo y sabían que estaban condenados a la muerte.
En el Monte de Libia, donde otra explosión sacudió la tierra. Aelita estaba dudando de que la procedencia de esa explosión fuera natural, volvió al sitio donde sintió la explosión y se percató de que las ruinas de la Catedral de Novorogod, estaban completamente destruidas.
Lo que una vez fue una imponente catedral construida en los siglos XVIII, donde los grandes muros blancos y los domos de oro iluminaban el área; después del cataclismo, la catedral quedó más o menos intacta y fue ocupada por un grupo de sobrevivientes.
A medida que el tiempo pasó, y con el colapso de los diferentes gobiernos y las diferentes civilizaciones, empezó una guerra civil que fragmentó aun mas a la población. Los bandidos del desierto se volvieron una plaga, y las sobrevivientes les empezaron a temer, ya que asesinaban a cualquiera por cualquier cosa.
Aelita era una de ellos, y en algún momento ella fue de las princesas del planeta. Vio como la catástrofe mató a su familia y allegados, terminó valiéndose de cualquier cosa para sobrevivir en el paisaje inhóspito de Kerona. Ver la cantidad de cuerpos alrededor de la catedral, la dejaron boquiabierta, no esperaba ver semejante atrocidad.
Sabía que la gente había sido asesinado por el Ciervo y su grupo, los bandidos que ella había tratado de detener en múltiples ocasiones ya que habían intentado saquear el parámetro que ella defendía, pero no esperaba que ellos fueran a tener éxito.
Mientras se recuperaba optó por coger su aeromoto y partir a la región del Este. No tenía nada que hacer ahí donde los cuerpos de los que llamó amigos y su segunda familia estaban tendidos en las arenas.
Pensó en la venganza una y otra vez, pero no tenía fuerzas para seguir adelante, sencillamente paró a los pocos segundos de haber arrancado, se devolvió a darle la sepultura del fuego a los cadáveres.
Mientras veía como el fuego consumía a la gente con la que una vez convivió, se preguntaba ¿si la civilización volvería a renacer.? Pero en lo más profundo de su alma sabía que el fin ya había llegado, y que el planeta estaba muriendo.
Cuando los meteoritos impactaron, fue como si 1,000 bombas de neutrinos explotaran al unisonó, fue un milagro que varias personas sobrevivieran; pero, el precio fue grande ya que el planeta empezó a morir. La tierra dejó de ser fértil en diferentes aéreas, los océanos empezaron a secarse de una manera acelerada, la fauna se acabó con la explosión y poder comer a diario se volvió un privilegio.
Fueron diferentes factores los que acabaron con la vida, y a medida que el planeta se tornaba rojo, toda esperanza parecía esfumarse.
A medida que la noche entraba, Aelita se percató del movimiento irregular de las lunas, nunca se acordó que nunca había visto esas lunas cuando estaba más joven. La primera vez que oyó algo, fue cuando el planeta las atrapó, algunos dijeron que presagiaban el miedo y horror que vendría. Y, así fue, al llegar las lunas, que mas eran asteroides que quedaron atorados en el campo gravitacional, llegó el horror con una lluvia, la lluvia que exterminó a la población.

Cuando terminó con los servicios fúnebres, se acercó una vez más la catedral, estaba algo más calmada, se dio cuenta que las escaleras a la cúpula donde el monje Dominico mantenía su telescopio. Se quiso acercar una vez más, quería ver ese planeta azul que estaba a la distancia, ese planeta que la vida estaba empezando según las teorías del monje.
Decidió ir a la ciudad de Donostia, donde conocía a un grupo de gente, y era uno de los últimos bastiones donde un grupo de gente vivía, en conjunto con un grupo de bandidos de las diferentes regiones del mundo.

Fue en ese momento en que un terremoto sacudió al mundo entero, el Monte de los Dioses había hecho erupción, mandando un pedazo de roca al espacio. Ella se quedó viendo como la piedra era impulsada por la atmosfera, se quedó pensando en la fuerza de la erupción, de la cual pudo haber causado otra catastrofe.

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